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miércoles, 27 de marzo de 2013

Trivia Bíblica: Evangelio que narra el momento en que Jesús lavó los pies de sus discípulos

Pregunta:

¿Cuál de los evangelios narra el momento en que Jesús lavó los pies de sus discípulos?
Respuesta:
Juan... Juan 13.1-20

Jua 13:1  Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Jua 13:2  Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, Jua 13:3  sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, Jua 13:4  se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Jua 13:5  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Jua 13:6  Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Jua 13:7  Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Jua 13:8  Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Jua 13:9  Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jua 13:10  Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Jua 13:11  Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Jua 13:12  Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Jua 13:13  Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Jua 13:14  Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Jua 13:15  Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Jua 13:16  De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Jua 13:17  Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. Jua 13:18  No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.Jua 13:19  Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. Jua 13:20  De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.


¿Sabía Usted Que...?


  • Pese a la escasez de agua en las tierras bíblicas, toda persona respetable procuraba la limpieza del cuerpo. Era norma lavarse las manos antes y después de comer. Como los caminos eran polvorientos, los caminantes debían lavarse los pies antes de entrar en una casa. Este era trabajo de esclavos o de siervos inferiores (Jn 2.6; 13.5). El descuido de esta atención constituía una grave descortesía por parte del anfitrión (Lc 7.44).
  • Pasajes como Lv 15 muestran lo imperioso que era para un israelita el lavamiento de todo el cuerpo, cuando se veía involucrado en algún acto o circunstancia que lo hacía ceremonialmente inmundo. Sin esta limpieza no podía participar en actividades de carácter religioso (Éx 19.10; cf. Heb 9.13). El lavamiento tenía especial importancia en la consagración y el servicio de los sacerdotes (SACERDOTE; Lv 8.6). El lavacro (o fuente) de bronce (Éx 30.17-21) se colocaba entre el altar de holocaustos y la puerta del TABERNÁCULO, y era indispensable para el lavamiento de los sacerdotes antes y después de sus actos rituales.
  • Aparte de la higiene, en el Antiguo Testamento el lavamiento contrastaba lo inmundo de las personas con lo consagrado al servicio a Dios. El agua borraba las impurezas físicas y, a la vez, representaba la purificación de la persona. Así lo entendían David (Sal 26.6; 51.7) e Isaías (Is 1.16), sin dejar de comprender que el lavamiento era obra de la gracia de Dios a favor del pecador arrepentido.
  • El Antiguo Testamento nos prepara para comprender el uso de los verbos griegos louo (bañarse) y nipto (lavar, por ejemplo, manos y pies) en el Nuevo Testamento. El Maestro desechó la actitud de los fariseos, para quienes el lavamiento externo era esencial y la pureza del corazón carecía de importancia (Mt 7.1-23; Lc 11.39-41).
  • Inevitablemente el lavamiento se asocia con los conceptos de limpieza y de santificación. Pablo describe la vida viciosa de los gentiles en Corinto y añade: "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados ... en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Co 6.11). El nombre del Señor Jesús (su persona, autoridad y obra), la potencia del Espíritu Santo, la verdad de Dios en su Palabra (Jn 17.17), el lavamiento "del agua por la Palabra" (Ef 5.26), la regeneración y la renovación en el Espíritu Santo (Tit 3.5) conducen a la verdadera limpieza. Los redimidos de Ap 7.13, 14 emblanquecieron sus ropas "en la sangre del Cordero".
  • La conversación entre el Señor y Pedro, en la ocasión del lavado de los pies (Jn 13.6-10), muestra que el creyente "bañado" (verbo, en griego louo) "no necesita sino lavarse (verbo, nipto) los pies", o sea, limpiar frecuentemente las manchas pecaminosas por los medios ya notados. El Señor en esta ocasión no instituía una ordenanza, sino que señalaba el camino del servicio humilde para todos.
[Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado]








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