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lunes, 18 de febrero de 2013

La Biblia y... la homosexualidad

¿Que es la homosexualidad?
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la homosexualidad como una "inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo."

¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?

La Biblia señala que la práctica de la homosexualidad es un pecado. En Genesis 9:22-27, se narra que estando Noé borracho, “Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre”. Cuando Noé “supo lo que le había hecho su hijo más joven”, lanzó una maldición. Las palabras “vio la desnudez”, siguiendo la idea de Lev. 18, donde se prohíbe “descubrir la desnudez” de ciertos parientes, sugieren algún acto indecoroso más allá de la simple vista. Este pasaje se relaciona con la tradicional acusación de desviaciones y perversiones sexuales que se le hace a los pueblos cananeos, descendientes de Cam.
La próxima referencia al tema aparece en el relato de Lot en Sodoma (Genesis 19:1-38). La expresión de los sodomitas: “Sácalos, para que los conozcamos”, refiriéndose a los varones que visitaban a Lot, es una alusión a actos sexuales, aunque algunas personas opinan que el pecado de los sodomitas fue solamente el haber faltado al deber de la hospitalidad. La palabra “sodomita”, tal como se usa en la RV60, es una traducción que se refiere a los hieródulos, hombres que ejercían la prostitución con hombres y mujeres en santuarios y cultos paganos. En hebreo, la palabra que los señala no se deriva de Sodoma (cedom), pues hay un término específico para este tipo de persona: qadesh, con una connotación muy religiosa. Otro incidente digno de observación es el de Jueces 19:16-30, donde unos benjamitas quisieron tener relaciones sexuales (“Saca al hombre ... para que lo conozcamos”) con un levita y terminan infligiendo grandes maltratos a su mujer. Esto ocasionó una guerra civil en Israel (Jueces 20:1-48).

Se prohibió la práctica de la homosexualidad : “No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita [qadesh] de entre los hijos de Israel” (Deuteronomio 23:17). En el versículo siguiente se añade: “No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová” (Deuteronomio 23:18). El término “perro” (Apocalipsis 22:15) se aplicaba a los que practicaban la prostitución masculina en los templos paganos. Parte del pago que éstos recibían se dejaba para uso en el templo del caso, que es lo que se prohíbe hacer en el templo de Dios. No sólo la Biblia los llama así, sino que en textos paganos se usa también el término en esa forma. Los griegos los llamaban kinaidos por la apariencia que daban al practicar este abominable acto. Pero los israelitas copiaron estas prácticas de los cananeos, especialmente con el culto de Astarot o Astarté. Así, hubo “sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones...” (1Reyes 14:24). Los reyes Asa y Josafat trataron de eliminarlos (1Reyes 15:12; 22:46). En la reforma religiosa de Josías se derribaron “los lugares de prostitución idolátrica” que estaban en la casa de Jehová, que incluía a sodomitas (2Reyes 23:7).
La tradición israelita consideró la homosexualidad  como una aberración, y su práctica como una violación de la naturaleza y de las leyes de Dios. Al compararse con otros pueblos, los judíos hacían resaltar la homosexualidad practicada por los gentiles como un signo de degradación, mientras que entre ellos, los judíos, no se conocía la homosexualidad como una costumbre generalizada de la población. En el Libro III de los “Oráculos Sibilinos”, obra pseudoepigráfica del período intertestamentario, un autor judío del siglo II a.C. compara la moral israelita con la de los romanos. De estos últimos dice: “Gran decadencia conocerán aquellos hombres ... el varón con el varón tendrá comercio carnal, a sus hijos expondrá en vergonzosas casas....” Mientras que de los judíos expresa: “La santa raza de hombres seguirá existiendo ... los hombres tienen el pensamiento puesto en el santo lecho y no se unen impuramente con muchachos....” Años después, Pablo, escribiendo sobre la corrupción y decadencia entre los paganos, dice que “aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza” (Romanos 1:26). Asimismo, dijo que “los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres” (Romanos 1:27).
Las Escrituras condenan totalmente la práctica de la homosexualidad  pues “ni los afeminados, ni los que se echan con varones ... heredarán el reino de Dios” (Galatas 6:9-10). Esta condena, sin embargo, no es diferente a la que recibirán los promiscuos sexuales, pues en el mismo versículo se mencionan “los fornicarios ... los adúlteros”, que también son excluidos del reino. Si la sociedad hace diferencia entre fornicarios y adúlteros, por un lado, y los homosexuales, por otro, se trata de un criterio social que no figura en la mente de Dios, que condena la promiscuidad heterosexual de igual manera que la h. No debe confundirse, sin embargo, la inclinación homosexual, ni aun los deseos de este tipo, con su práctica. Como no se confunden los deseos de matar, o de mentir o de hacer cualquier otra cosa mala, con su realización en el campo de los hechos.


Nuevo Diccionario de la Biblia, de Alfonso Lockward

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