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martes, 24 de julio de 2012

Meditando en la Palabra: Salmo 63.1-5


 Dios, Dios mío eres tú; 
 De madrugada te buscaré; 
 Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, 
 En tierra seca y árida donde no hay aguas, 
Para ver tu poder y tu gloria, 
 Así como te he mirado en el santuario. 
Porque mejor es tu misericordia que la vida; 
 Mis labios te alabarán. 
Así te bendeciré en mi vida; 
 En tu nombre alzaré mis manos. 
Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, 
 Y con labios de júbilo te alabará mi boca...

Salmo 63.1-5


David estaba demasiado solo cuando se escondía de sus enemigos en el árido desierto de Judea. Estaba muy solo. Deseaba un amigo en el que confiar para aliviar su soledad. No hay duda de por qué clamó: "Dios mío[...] mi alma tiene sed de ti[...] en tierra seca y árida". Si usted está solo o tiene sed de algo duradero en su vida, recuerde la oración de David. ¡Unicamente Dios puede satisfacer nuestros deseos más profundos!
-Biblia del Diario Vivir


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